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Oro

El precio del oro en 2026: una tendencia alcista que no se detiene

El precio del oro ha protagonizado una subida explosiva desde el inicio de 2026 y se aproxima rápidamente a la barrera psicológica de los 5.000 dólares por onza. Partiendo de un cierre de 4.314,40 USD el 2 de enero (el 1 de enero no fue día hábil de cotización), el precio escaló hasta 4.961,10 USD al 23 de enero, con un máximo intradía de 4.970 USD. Esto representa una ganancia aproximada del 15 % en apenas tres semanas: un ritmo que ha electrificado al mercado y ha convertido al oro en uno de los activos con mejor desempeño entre las materias primas.

Expertos de Goldman Sachs han elevado su objetivo de fin de año a 5.400 USD, impulsados por una combinación de riesgos geopolíticos, incertidumbre económica y factores estructurales del mercado. Pero ¿qué está exactamente detrás de este rápido ascenso? A continuación se detalla la evolución, sus principales causas y dos escenarios plausibles hasta finales del primer trimestre de 2026.

La evolución del precio en detalle

Los datos históricos muestran una espiral alcista clara. El contrato de futuros del oro (GC=F) cerró el 2 de enero en 4.314,40 USD, con volatilidad moderada (máximo: 4.350,60 USD; mínimo: 4.314,40 USD). Para el 9 de enero el precio había subido gradualmente hasta 4.490,30 USD, impulsado por los efectos típicos de enero como rebalanceos de carteras. A partir de la segunda semana la tendencia se aceleró: el 16 de enero cerró en 4.588,40 USD y para el 20 de enero alcanzó 4.759,60 USD. El pico llegó en los últimos días: el 22 de enero cerró en 4.908,80 USD y al 23 de enero (valor actual) se sitúa en 4.961,10 USD con una subida de +47,70 USD (+0,97 %). El día registró un máximo de 4.970 USD y un mínimo de 4.932,40 USD, lo que refleja la volatilidad persistente.

Esta evolución forma parte de un mercado alcista de largo plazo. Desde finales de 2025 el oro acumula más del 20 % de subida, y solo en enero de 2026 aporta un incremento de aproximadamente 647 USD. En comparación con otros activos como acciones o criptomonedas, el oro muestra una correlación baja, lo que lo convierte en una opción ideal de diversificación. El volumen también es revelador: mientras los primeros días de enero registraban volúmenes inferiores a 1.000 contratos, el 23 de enero saltó a más de 63.000, señal de un creciente interés inversor.

Gráfico del precio del oro enero 2026 – de 4.314 a 4.961 USD

Las tensiones geopolíticas como motor principal

La incertidumbre geopolítica sigue siendo el principal impulsor. La escalada del conflicto comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea bajo la presidencia de Trump, incluyendo nuevos aranceles en el contexto de la disputa por Groenlandia, ha llevado a los inversores en masa hacia activos refugio como el oro. A esto se suman los conflictos persistentes en Oriente Medio, la guerra en Ucrania y las tensiones entre Japón y China, que intensifican la percepción de riesgo global. El oro funciona como refugio clásico: en tiempos de inestabilidad aumenta la demanda porque preserva valor independientemente de monedas o mercados bursátiles. Los analistas estiman que estos factores explican entre 200 y 300 dólares del alza reciente.

En América Latina, donde varias economías dependen fuertemente del dólar, esta debilidad del billete verde y la búsqueda de alternativas han incrementado aún más el interés por el oro físico y los instrumentos vinculados.

Política monetaria y factores económicos

La política de los bancos centrales está alimentando la tendencia. La Reserva Federal ha señalado recortes de tipos para sostener el crecimiento, lo que reduce el costo de oportunidad de mantener oro: un activo sin rendimiento que gana atractivo en entornos de tipos bajos. Un dólar estadounidense más débil, influido por preocupaciones sobre el mercado norteamericano, refuerza este efecto: el oro se abarata para compradores internacionales. Los temores inflacionarios, avivados por medidas proteccionistas, convierten al oro en una cobertura contra la inflación. Además, bancos centrales como los de China, India y varios países latinoamericanos (México, Perú, Brasil) están incrementando sus reservas para reducir la dependencia del dólar: más de 1.000 toneladas netas el año pasado, tendencia que continúa en 2026. Los inversores privados siguen el mismo camino, impulsando entradas en ETFs.

Influencias estructurales y específicas del mercado

Factores estructurales sostienen el ascenso. Las empresas mineras enfrentan costes elevados y regulaciones estrictas, lo que limita la oferta. La demanda industrial crece, especialmente en electrónica y joyería en Asia, así como indirectamente por la transición energética (paneles solares, vehículos eléctricos). El efecto enero —entradas frescas de capital y rebalanceos de carteras— amplifica la dinámica, aunque también puede generar especulación y posibles excesos.

En América Latina, donde el oro físico sigue siendo un refugio tradicional frente a devaluaciones y crisis cambiarias, la demanda minorista y de joyería se mantiene muy sólida.

Escenarios posibles hasta finales del primer trimestre

Hasta finales de marzo de 2026 el precio del oro podría moverse en dos direcciones, dependiendo de la evolución económica y geopolítica.

Escenario 1: ruptura alcista por encima de los 5.000 USD
Si los riesgos geopolíticos continúan escalando o se producen recortes de tipos más profundos, el precio podría alcanzar los 5.200–5.400 USD, tal como prevé Goldman Sachs. Un dólar más débil y una inflación creciente alimentarían este movimiento, con las compras de bancos centrales actuando como estabilizador.

Escenario 2: corrección y estabilización alrededor de 4.700 USD
Si la economía estadounidense se estabiliza y los tipos suben, el oro podría perder fuerza y retroceder hasta 4.500–4.700 USD. Una reducción de las tensiones geopolíticas y un dólar más fuerte amortiguarían la demanda, provocando una consolidación temporal.

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